Incapacidades y ausentismo: el problema que los equipos Kaizen prefieren no tocar
En muchas empresas de Costa Rica, el ausentismo termina tarde o temprano sobre una mesa de trabajo.
Se crea un equipo de mejora. Se revisan datos. Aparece una espina de pescado. Se organiza una lluvia de ideas. Y entre las posibles causas surge una palabra particularmente incómoda:
Incapacidades.
La incapacidad médica cumple una función indispensable. Es, en términos simples, una indicación emitida por un profesional autorizado que establece que una persona no está en condiciones de desempeñar su trabajo debido a una enfermedad, lesión u otra condición de salud.
Que exista un sistema capaz de proteger a una persona cuando realmente no puede trabajar no es solamente importante. Es necesario.
Pero ningún sistema humano es perfecto.
Y es ahí donde la conversación comienza a complicarse.
Las historias que cuentan las empresas
En conversaciones con empresas amigas aparecen observaciones que, por ahora, debemos tratar como lo que son: datos empíricos, experiencias particulares y señales que merecerían un análisis estadístico más riguroso.
Una empresa, por ejemplo, nos comenta que alrededor del Día de la Madre observa un incremento inusual de incapacidades. En algunos años, aseguran, el número habría llegado a estar cerca de un 30% por encima de los máximos observados en otros períodos.
¿Coincidencia? ¿Estacionalidad? ¿Un efecto real? ¿Una interpretación equivocada de los datos?
No lo sabemos todavía.
Otras organizaciones describen casos aún más llamativos: personas cuya presencia efectiva en el trabajo podría rondar apenas 100 días durante un año debido a incapacidades recurrentes.
Y entonces aparece inevitablemente el rumor de pasillo:
“Pero alguien lo vio haciendo otro trabajo mientras estaba incapacitado.”
¿Es cierto?
Quizás. Quizás no.
Precisamente ahí está el problema. Una sospecha no es evidencia, una anécdota no es un dato y una correlación temporal no demuestra una causa.
Pero ignorar sistemáticamente las señales tampoco parece una estrategia particularmente científica.
El punto ciego del Kaizen
Hay una frase que hemos escuchado más de una vez trabajando con equipos de mejora:
“Lo de las incapacidades es un mundo aparte. Eso no lo podemos arreglar. Mejor trabajemos con los puntos que sí podemos controlar.”
Es una posición comprensible.
Pero también plantea una pregunta interesante.
Si una organización está intentando comprender las causas de su ausentismo y una fracción relevante de ese ausentismo corresponde a incapacidades médicas, ¿tiene sentido excluir esa variable del análisis simplemente porque resulta difícil de gestionar?
Tal vez el objetivo de un equipo Kaizen no debería ser “reducir las incapacidades”.
Quizás la pregunta correcta sea otra:
¿Entendemos realmente el comportamiento de nuestros datos de ausentismo?
Antes de formular conclusiones podríamos estudiar patrones, estacionalidad, recurrencia, duración, departamentos, turnos, días de la semana y cambios a través del tiempo.
No para cuestionar automáticamente una decisión médica.
No para perseguir trabajadores.
Sino para hacer lo que se supone que hacemos cuando enfrentamos un problema complejo:
convertir historias en preguntas, preguntas en datos y datos en conocimiento.
Porque entre asumir que “todas las incapacidades son inevitables” y asumir que “las personas están abusando del sistema” existe un enorme territorio que merece ser estudiado.
Y probablemente allí se encuentre la conversación verdaderamente interesante.
¿Usted qué opina?
Cuando un equipo de mejora analiza el ausentismo, ¿las incapacidades médicas deberían considerarse una variable que merece investigación o deberían quedar fuera del alcance del proyecto?
Vote en la encuesta de BBCross Community y cuéntenos su experiencia en los comentarios.
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